Sara, en paro desde hace cinco años: Le puede pasar a cualquiera

Tengo 47 años. Estudié sociología hace muchísimos años, y casi no he encontrado nada de lo mío. Así que he tenido que hacer todo tipo de trabajos. He estado cinco años en paro y ahora tengo un contrato que se llama de “reactivación profesional” para gente que lleva mucho tiempo sin trabajar. Luego me voy otra vez al paro.

En todo este tiempo no he parado de buscar. He encontrado perfiles que encajaban perfectamente con mi experiencia, pero no sé porqué, nunca terminan de llamarme. No sé si es la edad. Pero no ha sido por decir: “me quedo en casa y no me muevo”. Sino todo lo contrario, no he parado. Y que va, de ninguna manera. No ha habido forma.

Vivir con 400€

He vivido bastante tiempo con 400€, con la Renta Mínima de Inserción. Es más, si no recuerdo mal, juraría que cuando empezaron a darme la ayuda eran 370 y con eso pagaba el alquiler y todo. De hecho, después de pagar el alquiler de la habitación, el abono de transporte y el gasto de móvil, me quedaban 60€ para comer. Entonces, en cada comida, yo solo podía comer un plato y así es como podía aguantar, porque si no, no me daba. Comía carne dos veces al mes, nada más. Y si comía más, era porque me invitaban mis amigos. O porque tenía el día y a lo mejor Ikea me mandaba el bono de regalo de comida con un menú y tenía suerte y en el menú había carne.

Alguna vez me desanimo. Si has vivido bien y bajas a no poder tener todo lo que tenías antes… Al principio cuando lo piensas da como… parece que te vas a caer al abismo. ¿No? No sé cómo explicarlo. Es como bajar, como caer, como… también como quedarte un poquito fuera de la sociedad, porque la sociedad espera que tu trabajes. Ha habido gente, amigos de mis padres, a los que les he tenido que mentir, decir que estaba trabajando, que viajaba mucho, porque si les decía que estaba en el paro yo sé que iba a ser como una deshonra para mis padres, que iba a haber ostracismo; porque si estás en el paro, es porque eres una vaga. ¿No? Entonces, digo, ¿para qué les voy a crear más problemas a mis padres? Si total yo vivo en otra comunidad autónoma, no van a saber realmente lo que estoy haciendo.

¿Los que estamos en paro somos vagos?

También me ha pasado de gente a la que les he dicho que no tengo trabajo y han dejado de hablarme. Creo que porque me ven como una vaga. Es la mentalidad. La gente de la generación de mis padres piensa que si un joven no trabaja es porque no quiere. Que no encuentres trabajo, ellos esa realidad no la han vivido. Con gente de mi edad ya no tanto.

Bueno, hay algunos que están muy bien posicionados y que sus padres se han encargado de ayudarles a encontrar trabajo, y entonces, para ellos esa mentalidad de “quien no trabaja es porque no quiere”, también existe, aunque sean de mi generación. Pero eso han sido casos puntuales. Al final es la gente que primero se va, porque no tienes dinero para irte todos los fines de semana por ahí. No puedes salir todos los viernes, no puedes ir a cenar fuera. Entonces, al final, no puedes compaginar tu vida con gente que su ocio es ese y no te pueden invitar siempre. A mí el dinero no me daba para salir, pues al final se rompe la relación. Al final te tienes que relacionar con gente que está igual que tú, porque si no hay un desnivel ¿no? Como tener un novio con dinero. Al principio te puede pagar algunas cosas, pero hasta que no está la relación afianzada no sucede ¿No?

Creo que estar en el paro también me ha influido en las relaciones de amistad y de otro tipo. A lo mejor es una cosa mía. No quiero ser una carga para el otro, no quiero que me estén pagando por lástima o por pena… Al final yo sentía que debía mucho. De hecho tenía una amiga, por ejemplo, que terminó por dejar de hablarme porque yo no la llamaba porque siempre que quedábamos me invitaba ella y yo me sentía fatal. Se quedó con la idea de que en el fondo yo no quería estar con ella.

Pero sí tengo amigos. Sobretodo vecinos y gente que conocí en el 15M. De ahí he sacado muchísimos amigos, gente muy auténtica, gente que o está en mi situación, o trabaja, pero que también está en precario, que no se puede permitir gastar dinero. Pero entre todos nos apañamos, pone uno u otro dinero o juntamos entre todos lo que podemos.

He cotizado poquísimo. Creo que son tres años o dos años y pico, nada más. O sea, yo, con la edad que tengo… sí, algo me preocupa. Pero es lo mismo que lo de vivir en un nivel y bajar. Si uno lo piensa, da pánico, ¿no? Primero porque socialmente es como: he bajado, he caído. ¿Qué quiere decir que has bajado de categoría? Ya no te puedes ir de vacaciones, no te puedes comprar todo lo que necesitas. ¿Cómo le vas a decir a la gente que sigues en el paro? Y encima, con ese entorno que digo yo de padres y gente de esa generación que piensa que un joven que no encuentra trabajo, es un vago. Entonces, a eso, yo me tenía que enfrentar de alguna manera.

Mi vida laboral

Cuando acabé la carrera, pues lo típico, que empiezas que no sabes muy bien dónde buscar. Primero trabajé en un video club. Estuve solo unos meses, luego recortaron personal y me echaron. Luego trabajé en una consultoría informática y ahí estuve como cinco años trabajando de manera intermitente, cuando salían cursos para dar. Me llamaban cuando me necesitaban. Y a partir de ahí conseguí más trabajo de formadora, y eso fue en el boom, pues en el 90 y tantos… Y ahí más o menos, bastante bien. Lo que pasa es que no tenía ninguna seguridad, no me podía arriesgar a meterme en un piso ni a salir de casa de mis padres, porque hoy a lo mejor tenía quince contratos de veinte horas, pero a lo mejor el mes siguiente no tenía nada.

Yo siempre digo que he hecho casi de todo, casi de todo. Después de dar clases trabajé en Telepizza. Estuve un año entero y es una de las experiencias más bonitas que he tenido. El jefe era encantador, era un hombre que trabajaba con nosotros, no se le caían los anillos si tenia que sacar una pizza, atender o cobrar… Yo hacía de todo, desde limpieza, hasta servir, estirado de pizzas, cobrar, coger pedidos por teléfono… lo hacíamos todo. Tuve un equipo estupendo y cuando cerrábamos la tienda nos quedamos ahí charlando, después de recoger o nos íbamos a cenar a otro sitio. Fue muy bonito. Lo que pasa es que no me daba para vivir, pero no tenía otro trabajo, y así por lo menos no les pedía dinero a mis padres para mis gastos.

Ahí estuve un año, y de hecho el encargado de zona en seguida me propuso para ascender, y lo estuve pensando mucho, pero sabía que si me metía ahí no iba a salir nunca. Y me dije: “no, esto es algo momentáneo hasta que encuentre algo para mí”. Tenia veinte y tantos ya. Veinte y muchos, era de las mayores. Estaba con jovencitos, algunos de 17 años.

Me fui tarde de casa de mis padres

Yo de casa de mis padres he salido muy tarde. Siempre tenía miedo, como eran contratos temporales, yo no podía arriesgarme a salir de casa, ¿no? A parte de que para alquilar me pedían demostrar que estaba trabajando, que tenía un contrato estable. Jamás me vino a la cabeza lo de compartir. Fue luego mas tarde cuando ya vi que no había otra manera si quería salir de casa. Además, mi padre me achuchaba mucho con que quería que trabajara. No entendía que nos costara tanto encontrar trabajo, y mucho menos, de lo nuestro, porque él también había estudiado una carrera, y cuando terminó la carrera tenía trabajo y para toda la vida en la misma empresa. Entonces, para él era impensable que una hija con formación universitaria no encontrara trabajo.

No es que me culpabilizara, pero sí me presionaba para que me pusiera a trabajar de lo que fuera porque creía que igual yo era una vaga y no buscaba lo suficiente. Mi padre estaba bien posicionado. O sea, no le sobraba el dinero, pero siempre se pudo permitir todo lo que quiso y a nosotros nos dio todo lo que necesitábamos. Bueno, de esa clase media que vive con algunos recursos y que incluso después de la crisis él siguió bien.

Después, a través de una amiga tuve la suerte de encontrar un trabajo en un hotel para sacar la basura. Pagaban muy bien y lo compaginaba con el laboratorio. Era muy duro, porque yo era muy pequeñita y las bolsas eran bolsas de 90 kilos. Una bolsa de 90 kilos, llena de paella de un festín pesaba tanto, que yo me acuerdo de que, literalmente, me ayudaba de las tetas para levantar la bolsa y echarla en el contenedor, porque si no, no podía. A veces me ayudaba hasta el camarero del restaurante. De hecho, desde entonces, tengo problemas en la espalda, a nada que hago un ejercicio fuerte se me resiente. Lo más duro es que yo vivía con mis padres y los vecinos me veían sacar la basura. Pero era lo que había. Prefería ganar eso haciendo un trabajo digno que estar robando o estar metida en casa sin hacer nada.

Tendría que ser en el 90 y tantos. Estaba lo de la burbuja inmobiliaria que daba gusto, se vendían un montón de casas, todos mis compañeros estaban comprando casas.

Estuve cinco años en el paro

No soy de Madrid, pero con 41 años me vine aquí. Encontré trabajo en la misma cadena de hoteles pero me contrataban empezando de cero, con un contrato a través de una ETT, pagándome lo que paga una ETT. Yo me había mudado a Madrid y empecé como camarera de pisos, y cuando llevaba unos días trabajando, una mañana nos dijo la jefa que no había más trabajo y que cada una para su casa.

Bueno, pensé, entre lo que tengo ahorrado, y el paro y tal, pues sigo buscando. Pero empiezan a pasar los meses, no consigo nada, así que me puse a estudiar un máster para ver si mejoraban mis posibilidades. Me encantó, aprendí un montón y pensé que con ese máster también iba a encontrar trabajo. Pero me encontré con que ahora tenía menos dinero que antes y seguía en el paro. Estuve cinco años en paro, más o menos. Y cuando se me acabó el paro, cobré el plan Prepara, pero detrás de eso ya no tenía nada.

Se me hizo muy duro cuando ya vi que no tenía dinero para pagar el alquiler. Al principio intenté quedarme en casa de amigos –tengo muchos y muy buenos– y entonces cada x meses estaba en casa de uno distinto. Hasta que ya no pude aguantar más, y entonces me tuve que volver a casa de mis padres.

Eso es un soporte, saber que su casa está pagada y que como último recurso, puedo volver a casa de mamá y papá. Pero fue muy duro volver a casa de mis padres, después de haber estado independizada con 40 años. Además, uno de mis hermanos tampoco se había marchado. Fue duro, sí. Mis padres no dejaban de verme como la hija pequeña. O sea, no era una mujer independizada, encima no tenía trabajo, con esa mentalidad de “cómo una hija con carrera no tiene trabajo, tiene que ser vaga porque si no… A ver, que te acogemos para que no te quedes en la calle…”. Siempre había esto de fondo.

Después conseguí una RMI –Renta Mínima de Inserción– y luego una ayuda a parados de larga duración y con eso y, la ayuda de mis amigos, me volví a Madrid.

El 15M me salvó

Con el 15M la verdad que puedo decir que fue un antes y un después. Además fue muy bonito, porque fue un día que yo salía de Sol, del metro, de la plaza, y de repente veo un montón de carteles en aquella cúpula de cristal del tren, en la que ponía: No hay pan para tanto chorizo. ¡Leche, si esto es lo que he dicho yo siempre! Y a partir de ahí, es verdad que mi vida ha cambiado. Me metí en las asambleas que se fueron generando en aquellos días a escuchar, y vi que no estaba sola, que era lo que yo siempre había pensado. Que había un montón de gente pensando como yo. Y me parecía grandioso. A parte de una sensación de somos todos uno, aquí no se trata de diferencias, se trata de seres humanos, y de seres humanos que buscan vivir bien, y bien no es ricamente. Sino, vivir dignamente. Y lo que me pasa a mí es que le pasa a cualquiera. Yo no soy ni más ni menos. Soy cualquiera.

Entonces ahí, gracias al 15M y también a gente que me pareció muy sabia humanamente, que le daba más importancia a la vida que al “tengo tal trabajo, tal puesto, tal sueldo, tal, tal”, pues he ido cambiando de mentalidad y eso me ha dado mucho poder. Me ha dado el poder de sentirme la directora de mi propia vida, porque claro, no es lo mismo decir que “soy sujeto paciente”, como dice la Iglesia, esta tradición que hemos aprendido como católicos, ¿no? A esa otra visión de “yo tenía que vivir esto”. Ya no pienso: “estoy en el paro, mira que desgraciada soy, estoy atrapada y eso es lo que me va a llevar a la depresión seguro”. Sino, “estoy aquí porque tengo que aprender algo”. Y estoy aprendiendo un montón de cosas. Estoy aprendiendo lo superfluo que es el dinero y la televisión. De hecho, a mí una de las cosas que más me angustiaba era la televisión, porque el mensaje es catastrofista total. “Cuánta gente hay en el paro, la situación económica está fatal…” Y eso a mi me mataba, me angustiaba un montón. El dejar de ver la televisión me ha salvado. De hecho, no leo ni los periódicos.

El futuro

Ahora en este contrato que tengo de “reactivación profesional” cobro unos 1000€, pero claro, como yo me he tenido que comprar ropa y calzado, he gastado parte de ese dinero, a parte del alquiler, el transporte, el teléfono, necesidades básicas, medicinas y cosas que necesitaba. Yo he calculado que los primeros meses he gastado 700€, que tampoco me parece una barbaridad, quiero decirte… antes gastaba 400 que es lo que tenía y con eso vivía. Me he permitido comer más carne y más pescado. Pero ahora mismo ya, que me quedan dos meses de contrato, ya estoy otra vez en no poder gastar nada.

Este empleo me ha dado mucha ilusión. Y la sensación es como que parece que se mueve algo. A lo mejor es porque me acaban de contratar en algo. Que a lo mejor las personas que han rechazado para este mismo puesto que estoy yo, siguen en el paro, siguen teniendo la misma idea de que aquí no ha cambiado nada.

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