Las mujeres y la crisis: Beatriz Gimeno

Beatriz Gimeno es activista feminista y diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid

Siempre que hablamos de cualquiera de los efectos más terribles de la crisis de desempleo, precariedad, pobreza, desahucios, pobreza energética…estamos hablando de mujeres, aunque el androcentrismo cultural no permite que todo eso se nombre en femenino. Y esto es así no solo ahora, sino siempre y en cualquier época. Cuando la crisis se instala lo hace sobre una situación previa de desigualdad estructural en la que hombres y mujeres no estamos situados en la misma posición respecto al poder (al espacio donde se toman las decisiones políticas) y a los recursos económicos. A partir de ahí, no tener en cuenta lo que viene diciendo la economía feminista y tomar medidas pretendiendo que hay “un sujeto” que no tiene sexo, sólo conseguirá acentuar la brecha de género ya existente.

El análisis de las crisis anteriores pone de manifiesto tres cuestiones que son clave y que han señalado las economistas feministas reiteradamente. La primera es que de las crisis se sale con retrocesos en la igualdad previa conseguida en las épocas de bonanza. La segunda es que se sale con una intensificación del trabajo de las mujeres, tanto el remunerado como, especialmente, el no remunerado y la tercera que el empleo masculino se recupera siempre antes que el femenino. Si a esto le unimos que el actual gobierno del PP no sólo no pretende atenuar estas consecuencias sino que su intención es, por el contrario, acentuarlas, nos tememos que de la actual crisis salgamos con un importante retroceso en material de igualdad, tanto legal, institucional, derechos, como en materia de empleo y recursos económicos.

En lugar de luchar para que la crisis no se lleve por delante a las mujeres, a la derecha le interesa lo contrario, aprovecharla para reforzar los roles de género al máximo. Así, si las mujeres abandonan masivamente el mercado de trabajo porque no hay empleos o porque los que hay para ellas no les compensan de la pérdida o privatización de los servicios públicos que apoyan el trabajo reproductivo, entonces esos son puestos de trabajo que quedan libres para que los ocupen los varones. Además, para la derecha es también una cuestión ideológica. El feminismo es un enemigo porque los roles de género “fuertes” son un importante mecanismo de control social y de orden.

Las mujeres abandonan la búsqueda de empleo porque no les compensa ya que sus salarios son menores y, por tanto, si alguien tiene que quedarse en casa ocupándose del trabajo reproductivo, serán ellas. La corresponsabilidad sigue siendo muy escasa. Además, desciende el número de empleos disponibles para ellas, ya que el sector público es el empleador tradicional por excelencia de las mujeres, y la oferta de empleo público disminuye durante las crisis. Por último, todos los gobiernos siguen teniendo la imagen del hombre sustentador de la familia y las políticas de estímulo suelen ir enfocadas a sectores muy masculinizados, como la construcción, las infraestructuras o la industria del automóvil. Para los gobiernos, el empleo real, el importante, es aquel que llevan a cabo los hombres y el de las mujeres nunca parece dejar de ser subsidario, un complemento a la renta familiar del que se puede prescindir si vienen mal dadas.
Lo mismo podríamos decir de los recortes, enfocados la mayor parte de las veces a sectores feminizados o que afectan fundamentalmente a las mujeres. El gasto social en que primero se recorta es en aquel que trataba de socializar mínimamente el trabajo reproductivo: dependencia, infancia, cuidado. Si esos sectores se privatizan y se encarecen, o si directamente desaparecen, las mujeres tendrán que asumir ese trabajo y hacerlo, además, de manera gratuita.
Y se cierra el círculo de la crisis. Y cuando los hombres hayan recuperado niveles de empleo se hablará de “recuperación”, aunque las mujeres no se hayan recuperado e incluso aunque su situación haya empeorado mucho respecto al periodo anterior. Tratar de no ver el mundo en masculino es fundamental para ver el mundo en su totalidad, y no sólo una parte de él.

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